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La necesidad de discutir una Constitución Global a raíz de la crisis del COVID-19.

Justicia Global

Un asesino serial, montado en el avión de la globalización y desposeído de visado o pasaporte diplomático, viaja por el mundo sobre pasando puestos fronterizos y los más estrictos controles migratorios. A su paso, va colapsando sistemas de atención sanitaria (incluso de países conocidos como del »primer mundo»), desbordando las morgues de los hospitales, dejando a millares de personas sin empleo, y sumergidas en la incertidumbre y el confinamiento domiciliario obligatorio.

Pero no se confundan, no es una película de suspenso o thriller psicológico de Alfred Hitchtcock. Esta es una crisis pandémica que afecta todas las esferas de nuestras vidas, y que es provocada por el COVID-19 (acrónimo del inglés coronavirus disease 2019). Una crisis que nos obliga a atribuir responsabilidades y a cuestionar a las autoridades locales e internacionales: ¿Cómo es posible que China no fuera lo suficientemente abierta y transparente para compartir, oportunamente, todas las implicaciones de este virus? ¿Cómo es posible que italianos, españoles, ingleses y estadounidenses no actuaran, desde el inicio, atendiendo a las máximas de la precaución y seriedad que amerita esta pandemia? ¿Cómo es posible que Jair Bolsonaro le diga a Brasil y al mundo que el coronavirus no es más que un pequeño resfriado?

Probablemente, hay múltiples respuestas para esas interrogantes. No obstante, es preciso resaltar, que este es el resultado de la inoperatividad y la ineficacia de organismos multilaterales como la ONU (Organización de las Naciones Unidas); pero sobre todo, consecuencia de la ausencia de un estatuto mundial que, limite el principio de autodeterminación, siempre y cuando el objetivo sea proteger bienes tan preciados como la salud o la vida. Es decir, bienes que son de carácter universal no pueden quedar a la expensa de la voluntad de unos cuantos. Cada vez más, se hace extremadamente necesario discutir la posibilidad de darnos una Constitución Global que limite actuaciones, garantice derechos y trace pautas multilaterales para enfrentar los peligros existenciales que enfrenta la humanidad.

La salud y la vida no pueden ser un derecho exclusivo de aquellos países que tienen los medios económicos para garantizarlos. El COVID-19 nos ha desnudado, nos ha golpeado de frente y nos invita a reflexionar. Como ha referido el famoso jurista italiano, Luigi Ferrajoli:

 “Es absurdo que cumulemos armas para la guerra pero no mascarillas para una pandemia”.
Es tiempo de que nos demos la oportunidad de considerar medidas universales y alternativas, tendentes a garantizar la libertad, la salud y la vida en sentido general.